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Microplásticos: la contaminación invisible

El mar está lleno de plástico. Seguro que no es la primera vez que lo escuchas, o que, en este caso, lo lees. El plástico es un material muy popular por su versatilidad, pero cuando se va degradando se convierte en microplásticos, es decir, en pequeños fragmentos de material plástico, que afectan gravemente a la fauna y a los ecosistemas marinos. Son ingeridos por animales marinos y terminan en nuestro estómago a través de la cadena alimenticia.

En este momento, además, existe un problema global que se añade al de los plásticos: la gran cantidad de mascarillas que está acabando en el océano. Estas mascarillas tardarán hasta 450 años en descomponerse, convirtiéndose también en microplásticos, con todo lo que ello conlleva. Se calcula que unas 1.560 millones de mascarillas han acabado en los océanos en 2020, según la organización de conservación marina OceansAsia. Esta contaminación plástica es devastadora: “mata cada año aproximadamente 100.000 mamíferos y tortugas marinas, más de un millón de aves marinas, e incluso un mayor número de peces, invertebrados y otros animales. También afecta a la pesca y a la industria del turismo”.

¿Y tú qué haces con tu mascarilla?

Además de protegernos, también debemos proteger nuestro entorno y el medio ambiente realizando una correcta gestión de los residuos. Recuerda que las mascarillas se desechan en el contenedor de restos (el gris). Cuando lo hagas, corta las gomas, así evitarás que los animales queden atrapados en ellas.

Cambiar nuestros hábitos es posible.

Es imprescindible que nos concienciemos de que estamos ante un problema grave y de que tenemos que cambiar nuestros hábitos. Y es que hay demasiado plástico (en la mayoría de los casos de un solo uso) inundando nuestra vida: en los envases de productos, en materiales de construcción, en el textil de la ropa, en las bolsas que ofrecen algunos establecimientos, en la calle… ¿Y si reducimos su consumo y optamos por opciones reutilizables y sostenibles? Te mostramos cómo hacerlo y comprobarás que es más sencillo de lo que piensas:

  • Utiliza bolsas reutilizables como las de tela o las compuestas por material vegetal.
  • Adquiere productos a granel y evita el empaquetado en exceso. Si están empaquetados, que sea de materiales como el cartón, por ejemplo. ¿Qué sentido tiene comprar plátanos empaquetados cuando ya tienen su propia cáscara que los protege?
  • Reutiliza, siempre que sea posible. No utilices productos desechables como vasos o platos de plástico; opta por utilizar tus propios utensilios. También puedes llevar tu propio envase o tu propio tupper (de vidrio o acero inoxidable) cuando vas a comprar alimentos que te entregan envueltos en plástico.
  • Bebe agua del grifo en lugar de cogerla embotellada en plástico.
  • Los productos de higiene y cuidado personal también puedes adquirirlos sin que estén envasados en plástico. Por ejemplo, puedes utilizar pastillas de jabón para las manos o para el cuerpo. También puedes adquirir cepillos de dientes de bambú y dentífrico en pastillas.
  • Evita los establecimientos poco sostenibles, como aquellos que para comer te pongan las bebidas y los alimentos en material plástico desechable.
  • Antes de desechar un objeto de plástico que consideres que se haya estropeado, intenta repararlo. Si no es posible, piensa si podrías darle un nuevo uso.
  • Recicla los residuos en su contenedor correspondiente. 

Los pequeños gestos también cuentan

Si ves en la calle, en el monte o en la playa un objeto de plástico en el suelo, puedes recogerlo y depositarlo en el contenedor amarillo. Además de lanzar un mensaje positivo a las personas que te vean, estás ayudando a proteger el ecosistema.

Necesitamos un consumo responsable y consciente para reducir la contaminación por plásticos. ¿Te apuntas?

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