Más tendencias, más presión: cómo la moda alimenta el hiperconsumo femenino
Con la llegada del frío enseguida te pones a organizar tu ropa para hacer el cambio de armario. Y “no tengo nada que ponerme” es la frase estrella que se repite cada inicio de temporada. Pero, ¿realmente no tienes nada que ponerte? ¿O te han convencido de que lo que tienes está desfasado y necesitas comprar ropa de la nueva temporada?
Y, ¿qué es la “nueva temporada”? Porque hay veces que es la misma prenda que la del año pasado, con un corte similar, pero en otro color. Tendencias y escaparates renovados, pero nada novedoso. Aun así, sientes la presión de comprar. Otras veces, sí hay alguna novedad: cortes distintos a los de la temporada anterior, por ejemplo. Y ahí está la trampa: una camiseta, un pantalón o un abrigo que siguen estando en buen estado pueden empezar a parecerte “viejos” porque han dejado de aparecer en los escaparates (tanto físicos como en Instagram).
La necesidad de cambio recae casi siempre en la mujer
Cuidar la apariencia, seguir tendencias y adaptar la imagen a ciertos cánones estéticos ha tenido más peso siempre sobre la mujer. Mientras que algunas prendas del armario masculino son básicas y combinables, la moda femenina suele traer aspectos más novedosos: nuevos cortes, nuevos colores, nuevas tendencias… nuevas prendas “imprescindibles”, pero que solo duran una temporada. Esta presión por estar siempre “a la moda” se ve reforzada por el fast fashion o moda rápida.
Este modelo de producción y consumo de ropa basado en sacar nuevas prendas constantemente a precios bajos, convierte las tendencias en productos accesibles y de rápida rotación. Se produce más y se consigue que esas novedades lleguen de manera rápida a las personas consumidoras. Aquí las redes sociales encajan perfectamente: Instagram, TikTok y otras plataformas muestran constantemente contenidos relacionados con la moda y las nuevas tendencias: influencers con sus hauls, outfit of the day, recomendaciones, “imprescindibles” o vídeos tipo “5 prendas que necesitas este otoño”. Los algoritmos, además, aprenden de aquello que ves y te mostrará cada vez más contenido similar creando una sensación de novedad permanente. Así, lo que ayer era tendencia, hoy puede parecer “pasado de moda” y alimentar un ciclo de compra, uso y descarte muy intenso.
Además, la frontera entre entretenimiento, recomendación y publicidad es cada vez más borrosa. Una influencer que muestra su armario, comparte sus compras o enseña cómo combina una prenda puede estar generando inspiración, pero también forma parte de una estrategia comercial. ¿El resultado? Quizá no piensas directamente en “quiero comprar”, pero empiezas a sentir que necesitas renovar.
Desde una perspectiva de género, conviene preguntarse por qué determinados productos y mensajes se dirigen de forma diferente a mujeres y hombres y qué consecuencia tiene esa diferencia. Y es que la publicidad y la industria no solo venden ropa; adaptan sus estrategias a roles y expectativas de género y te venden la idea de que las mujeres tienen que estar constantemente cambiando, mejorando y corrigiendo su imagen. Esto hace que se refuercen estereotipos, se genere una presión desigual sobre las mujeres para consumir y renovar su imagen, alimentando un consumo difícil de abandonar.
Y desde el punto de vista del consumo responsable, sería conveniente hacerse esta pregunta: ¿estás comprando porque necesitas esa prenda o porque sientes que necesitas estar al día? Esta diferencia tiene consecuencias: comprar con frecuencia afecta a tu presupuesto y favorece decisiones impulsivas. Pero aquí, además, no se habla solo de dinero.
La ropa también deja huella
Cada prenda que compras implica recursos, energía y transporte, entre otros aspectos. Cuando dejas de utilizarla, comienza otra etapa: reutilización, reparación, donación, reventa, reciclaje o residuo.
Por eso, hablar de moda sostenible no es solo preguntarse qué compras, sino cuánto, durante cuánto tiempo y qué haces con la ropa cuando deja de ser útil.
Este otoño, antes de comprar, haz una pausa
El cambio de temporada puede ser un buen momento para hacer algo diferente: abrir el armario antes que la aplicación de compras y preguntarse:
- ¿Realmente necesito esta prenda?
- ¿Tengo ya una que cumple la misma función?
- ¿Lo compraría si no estuviera de moda?
- ¿La voy a utilizar durante mucho tiempo?
- ¿Puedo comprarla de segunda mano o pedirla prestada?
No se trata de renunciar a la moda. Se trata de tener la capacidad de decisión frente a la presión de comprar.



